Un mensaje de paz para Madrid #LibertadTitiriteros

 

Decía hace tiempo que la reflexión que saco del cómic de El Retorno del Caballero Oscuro de Frank Miller es que no existe el ciudadano responsable, si entendemos a este o esta como aquel que quiere cambiar el Statu Quo injusto por otro más justo, y a día de hoy lo mantengo, ese ciudadano antes de ser considerado una persona responsable en su sociedad será criminalizado.Cudadanas y ciudadanos responsables podemos organizarnos y formar un grupo como Ahora Madrid para obtener una representación política y crear una élite política que sustituya a la anterior y sustituya los anteriores privilegios de determinados ciudadanos y ciudadanas por algo más repartido en toda la sociedad. Pero no cabe la menor duda que esta representación política como la vida del ciudadano responsable jamás tendrá descanso hasta que no termine la rotación de las élites. En este caso la batalla la planta Esperanza Aguirre contra el Ayuntamiento de Madrid.
En esto de criminalizar al ciudadano responsable, el caso español es especialmente penalista con todo movimiento que ha intentado cambiar el Statu Quo. Imagino que el actual rey fue educado en una ideología monárquica en peligro de extinción que ni él apoya, no obstante, las estructuras de represión en la sociedad española aun perviven. En cierta manera se puede asegurar que las élites españolas mantienen su Statu Quo desde la muerte de Juan Prim durante la Restauración Borbónica con diferentes modulaciones del discurso contra el terrorismo, desde entonces hemos vivido en la misma estructura que aprovechaba, por ejemplo, las leyes anti terroristas contra la propaganda por el hecho de los anarquistas más viscerales para acabar con escuelas de pensamiento libertarias que rechazaban el uso de la violencia. Y así se ha repetido el guión durante más de un siglo. Presidentes del Consejo de Ministros como  Antonio Maura en 1908 intentaron modificar la ley de 1894 sobre atentados con artefactos incendiarios (ampliada en 1896 por el gobierno de Cánovas incluyendo como terrorismo el uso de artefactos explosivos y cuyo ámbito se extendió primero a Madrid y Barcelona y finalmente a toda España y las provincias de Ultramar) para sustituir la palabra terrorista por la de anarquista aunque esta reforma jamás fue aprobada debido a los largos debates de ilustres senadores y diputados que supieron defender los derechos y las libertades de los españoles al igual que lo hicieron los sindicatos y movimientos sociales en las calles de nuestro país. A su vez la población harta del exceso de represión y de disciplina que seguían a los atentados anarquistas fue poco a poco alejándose de estas ideologías violentas. Esas estructuras, en mi opinión, aún perviven también. Los momentos de declive de las bandas terroristas que han atacado la Democracia de 1978 han sido cuando han puesto bombas en establecimientos públicos con grandes grupos de victimas como la bomba en la calle del Correo que terminó con el cisma de ETA V o la cafetería California que supuso el declive del GRAPO. La población española tiene en su estructura penal y en sus valores esta historia de lucha contra el terrorismo y perversión del Estado de Derecho para acabar con grupos de ciudadanos y ciudadanas responsables que mediante la acción política ponen en tela de juicio el Statu Quo. Aunque esto se encuentre oculto al trasluz del telón de ETA o actualmente Al Qaeda, la lógica de la lucha contra el terrorismo en España se ha repetido como una rueda de molino en tres de las cuatro oleadas de terrorismo moderno que David C. Rapoport describe. Casi siempre con los mismos resultados: ciudadanos y ciudadanas responsables criminalizados bajo leyes excepcionales.

Aquellos que viajamos juntos de camino al cambio, esas personas que entienden que existe algo que nos une más allá de espacio de acción política o las siglas, esas que quieren guiar al Ser Humano hacia un proceso de (r)evolución nos necesitamos unos a otras y a pesar de ello nadie es imprescindible. El mensaje de paz va más allá de reconocernos en la lucha dentro como Ahora Madrid y fuera de las lineas de la representación como movimientos sociales intentando no incurrir en solapamientos de cargos políticos, vecinales y liderazgos sociales, rotando, no siendo avara o avaro. También en la capacidad de reconocer que tal vez somos muy exigentes si por un gesto de miedo de la Concejala de Cultura Celia Mayer o porque Rita Maestre desaparezca del espacio de portavocía cuando más se la necesita estas deban dimitir. Tal vez solo falta un poco de preparación para realizar un trabajo que necesita de mucha sutileza. Jamás conocí a una concejala de cultura de la Asamblea de Madrid tan popular. Quizás la sra. Mayer deba dimitir para calmar a los votantes de Ahora Madrid o reconocer que no está preparada para realizar su trabajo para calmar a su partido. Una de las dos cosas debe suceder, hoy toca cerrar filas con las orejas abiertas o salir por la puerta de atrás.

Roberto García-Patrón

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